08/07/2005

Prevención de Riesgos

Una vez, hace mucho, mucho tiempo, y en un país muy lejano, dicen que vivió un trabajador llamado "Delegado de Prevención de Riesgos Laborales", dicen que medía tres metros y medio y era hermoso, también dicen que era pequeño, verde y cabezón, el caso es que, como nadie lo ha visto jamás, no podemos asegurarlo.

En estos fríos tiempos (figuradamente, claro, que uno que escribe está empapado en sudor del bueno), la presencia material, digamos, carnal, del delegado de prevención ha sido sustituida por un folio, puede que folio y medio, en donde te dicen más o menos que tienes que mirar el monitor a cierta altura, sentarte un poco más así que asá... Ahora bien, si el falso techo parece a punto de caer encima tuyo o de un compañero, no habrá nadie que se preocupe de apuntar que quizás no sea el ambiente de trabajo más adecuado.

Luego hay otros apartes, uno puede trabajar quince años de noche sin que nadie le enseñe mínmas nociones de higiene del sueño, puede descalcificarse, puede ser un hombre/mujer orquesta en el cual cada huesecillo haga su ruido particular, el famoso hombre crujido del Missisippi, en fin, uno puede caerse a trocitos, que nadie prestará a esos detalles, siempre que cruja erguido en su silla y mirando más bien desde la parte de arriba del monitor.

 

Crujamos hermanos hasta que no nos tengamos.

06/07/2005

Aire Acondicionado, Arma Biológica

En realidad de trata de un tema que no se reduce al ámbito del telemarketing, pero que nos afecta, sin duda, a todos los que teleoperamos, porque lo hacemos en oficinas de esas que llaman "Edificios Inteligentes", pero que parece que nos han salido un poco tontos, los mis pobres.

En los primeros días del invierno, cuando empieza a apretar el frío, basta entrar al trabajo para que el soplido helado del aire acondicionado se deslice por tu espalda provocanto esa semana de baja por contractura muscular, mientras todos los oficinistas del mundo estornudan unidos en sus gérmenes. Pero, aunque pueda parecerlo, lo peor no es convertirnos en polos de persona, porque finalmente uno acepta la molestia de llevarse "una rebequilla" o, en su defecto un plumífero para aguantar el frío en el trabajo. Mucho peor, demoniaco, es el aire acondicionado, ese viejo amigo (Señor, líbranos de nuestros amigos, que de nuestros amigos ya nos libramos nosotros).

Cogemos un rojo fogoso para hablar de este tema. Porque hablan en los medios de comunicación del cuidado que hay que tener con el "golpe de calor", suponiendo, ingenuamente, que este golpe se produce cuando uno sale de los edificios con aire acondicionado y pasa a la calle, donde el sol, nuestro Terrible Lorenzo, nos aplasta. Pero eso no es así, como sabemos, en realidad en la calle hace un calor horrible, pero que sabe casi a fresquito, cuando uno entra en estos edificios, inteligentes como torturadores nazis, y el soplo del aire acondicionado es un escupitajo del infierno, que nos obliga a estar ocho horas aguantando a clientes (en verano a los clientes, más que nada, se los aguanta), sudando la gota gorda, aguantando a jefes que se han "agenciado" un aire portatil, que, ese sí, funciona, y llorando por salir a la calle y refrescarnos en los 40 grados de nada del exterior ¡Quién los pillara!